El veterinario cubrirá los ojos del perro con un tinte de fluoresceína, tinte color naranja para evidenciar cualquier daño en la córnea con una luz azul. El examen de tinción podrá revelar úlceras corneales con distintos niveles de hinchazón coloreados de azul o gris, que variará según la gravedad. La ulceración puede estar asociada con el deterioro de la enfermedad y pérdida de la visión.
En caso de no evidenciarse ninguna anomalía con la tinción con fluoresceína, el veterinario examinará si hay indicios de debilidad corneal, donde la córnea tendrá un aspecto de gris a blanco, con márgenes distintos.
El veterinario también realizará analíticas de sangre para detectar enfermedades sistémicas e infecciones que puedan provocar la infiltración corneal. También podría identificar la sustancia ""invasora"" con un raspado corneal.