Para el diagnóstico, el veterinario realizará un examen físico de las orejas del gato. También preguntará por el historial médico para saber si existe predisposición a la afección. El historial también es importante porque cambios alimentarios o de desparasitación pueden causar la aparición de la afección.
Para confirmar el diagnóstico, el veterinario realizará distintos exámenes cutáneos en función de la causa que sospeche. Puede realizar un examen microscópico del pelo, un raspado cutáneo o una citología con una pequeña muestra de piel. Puede también realizar una analítica sanguínea si incluye una posible enfermedad inmunomediada en el diagnóstico diferencial.