Micoplasmosis no hemotrófica en gatos
Urgencia: Lo antes posible
Pronóstico: Bueno

La micoplasmosis es una enfermedad causada por un microorganismo parasitario bacteriano anaeróbico. El Mycoplasma felis es una bacteria oportunista que sólo actúa con un sistema inmunitario débil y afecta principalmente a las mucosas del sistema respiratorio y ocular. 


Síntomas

Los signos oculares, pueden incluir entrecerrar los ojos o parpadear de forma espasmódica, acumulación de líquido en los ojos, ojos enrojecidos, secreción de los ojos o conjuntivitis, una condición en la que el tejido húmedo del ojo se inflama. Los síntomas respiratorios suelen ser leves, siendo los estornudos la principal afectación. También son comunes las infecciones en el sistema respiratorio o las infecciones del tracto urinario y genital. Debido a la proximidad del sistema genital al sistema reproductivo de este parásito bacteriano, puede producirse problemas relacionados con el embarazo, recién nacidos débiles, muerte prematura de los recién nacidos o mientras están en el útero materno.

En ocasiones, la bacteria viaja por el sistema circulatorio y acaba afectando a las articulaciones. Los síntomas articulares incluyen la inflamación simultánea de varias articulaciones (conocida como poliartritis), como las rodillas, los tobillos, las caderas o los hombros, y la inflamación de las vainas de los tendones. La cojera prolongada, la dificultad para moverse, la fiebre y los signos generales de malestar son alguno de los signos típicos. 

Causas

La micoplasmosis se desarrolla al estar expuesto a la bacteria Mycoplasma Felis. La bacteria se transmite por la picadura de parásitos infectados o por saliva en peleas o acicalamiento. Los vectores más usuales son las pulgas y las garrapatas pero para que el gato desarrolle la micoplasmosis suele ser necesario que tenga las defensas bajas. 

Diagnóstico

Primero el veterinario preguntará por el historial médico del gato y los síntomas e incidentes relevantes. Después realizará una exhaustiva exploración física y un completo análisis de sangre y de orina para conocer el estado general de salud.

Para un diagnóstico definitivo, el veterinario puede optar entre un frotis de sangre que después se analizará en el Laboratorio o una PCR. Sin embargo, a pesar de que el gato sea positivo, podría que ser que no manifestara la enfermedad y simplemente sea portador y no sería necesario tratarla.

Tratamiento

La enfermedad se tratará con la prescripción de antibióticos y corticoides. Si el gato estuviera muy afectado podría ser necesaria la fluidoterapia o una transfusión de sangre para recuperarlo de una anemia grave.

Con el tiempo el gato recuperará la normalidad puesto que con los antibióticos se consigue eliminar la bacteria. Es necesario procurar una correcta higiene del entorno del gato durante su recuperación.