Los síntomas más habituales son:
- Comportamiento destructivo. El perro rompe o araña material o mobiliario de casa.
- Salivación excesiva.
- Ladridos o vocalización excesiva.
- Orina o defecación inadecuada. El estrés puede provocar una relajación del esfínter.
- Ansiedad pre-salida. El perro jadea o tiembla cuando ve que se va a quedar sólo.
- Anorexia. El perro deja de comer hasta que vuelve a estar acompañado.